El Martirio de Ortega Lara, Akúside

Publicado: Sábado, 04 Enero 2014 19:27
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El Martirio de Ortega Lara es un óleo sobre loneta de 244 cm x 172 cm, las medidas exactas del zulo donde ETA tuvo secuestrado a José Antonio Ortega Lara durante 532 días. En muchas páginas web dicen que el zulo medía 3 m de largo por 2,5 m de ancho: ojalá hubiera tenido ese espacio. Ortega Lara caminaba durante cinco o seis horas al día (cuatro pasos a lo largo y dos a lo ancho), casi siempre a oscuras, pues sus secuestradores encendían la luz sólo siete horas diarias. El zulo estaba excavado bajo tierra. Oscuridad total. La humedad se filtraba por el suelo y las paredes estaban abombadas. Estuvo 532 días sin ver la luz del sol.

En 2013 conocí en La Graciosa a un expreso de ETA. Acababa de salir de prisión y había viajado hasta La Graciosa con su novia, supongo que para poner tierra de por medio y aclarar sus ideas. Era invierno y no había nadie en la isla. Como la noche se prestaba, me puse a charlar un rato con ella aunque sabía dónde iba a terminar la conversación: siempre me ha sucedido lo mismo cuando he charlado con los que comulgaban o comulgan con los planteamientos etarras, algo que siempre me ha gustado hacer. Cuando me despedí, el aún miembro de ETA, me señaló con el dedo: pero cuenta la verdad, ¿eh?, la verdad.

Aquella noche me acosté escuchando en el techo la palabra y el tono: la verdad.

Su novia, creo recordar, era mallorquina. Una joven muy agresiva. Cuando le comenté que estaba escribiendo y pintando sobre el tema etarra se mostró educada e interesada, pero cuando salió el nombre de Ortega Lara (era el cuadro que estaba pintando por entonces), todo cambió:

 

-Pintarás también cómo torturan a los presos vascos en las cárceles españolas, ¿no?

Equiparar el sufrimiento de un convicto en prisión con la tortura que sufrió Ortega Lara en aquel zulo sólo tiene dos explicaciones: si el que lo dice se lo cree tiene un problema de percepción de la realidad. Si no se lo cree, es un canalla.

Los cuadros sobre ETA los he pintado durante los comas de Akúside, el libro sobre el terrorismo vasco que nunca termino (llevo cuatro versiones distintas en seis años) y que no sé si alguna vez daré por terminado (por ahora es un ladrillazo infumable). Pinto para seguir pensando mientras descanso de escribir. Pintar me relaja. Mucha gente me pregunta por qué pinto cosas tan horribles. Yo nunca me pregunto eso.

En el cuadro hay varios iconos reales: el ventilador (un pseudo lauburu) era lo que más desquiciaba a Ortega Lara. El zumbido de ese extractor las 24 horas del día le volvía literalmente loco. A veces, Ortega Lara lo atascaba y su secuestrador le advertía: no lo hagas más, sin él no se renueva el aire y te asfixias. Te mueres, ¿eh? En la pared está el póster de los dos windsurfistas. En la mesa, el plato de duralex donde comía (fruta, verdura). Adelgazó 23 kg. La cama ni siquiera era una cama. Era una tumbona de loneta. Debajo de la cama hay un orinal y un crucifijo: Ortega Lara, mientras caminaba, a oscuras, se distraía rezando el Rosario. La pierna derecha representa la animalización de alguien que está dejando de ser humano.

Ortega Lara, según confesó en una entrevista a Sánchez Dragó (una entrevista pobre por parte del entrevistador), tenía decidido suicidarse. Se sentía culpable del sufrimiento de su familia. 532 días. Hay que pensarlo. Cuando la Guardia Civil y el Juez Baltasar Garzón entraron en la nave industrial donde lo escondían (por la pista de un ticket de supermercado) sus secuestradores se negaron a revelar dónde estaba el zulo (foto real a la derecha). Estaban dispuestos a dejarle morir en aquel agujero. Tras varias horas buscando por la nave uno de los guardias encontró el mecanismo que daba acceso al zulo, oculto bajo una maquinaria de tres toneladas de peso. Un guardia civil bajó y no pudo creer lo que veía. Ortega Lara le gritó que le matara: no creía que fuera guardia civil. No quería salir del zulo. El guardia civil pasó mucho tiempo convenciéndole de quién era y de que habían venido a rescatarle.

Tras su liberación, ETA le mantuvo amenazado de muerte durante años.

Una semana después de su liberación, ETA, rabiosa por haber perdido a su rehén, secuestró a Miguel Ángel Blanco y dio al Gobierno un ultimátum; si en 48 horas no acercaba al País Vasco a todos los presos, le mataría. Así lo hicieron.

 

El Martirio de Ortega Lara se quemó durante un incendio en mi casa. Un mes después lo volví a pintar. Es un cuadro que ha visto muy poca gente. Un amigo a quien se lo enseñé, se plantó ante él y dio dos pasos atrás. Estuvo cinco minutos mirándolo fijamente, entristecido. Al final sólo dijo: qué hijosdeputa. Los que pintan entenderán lo que sentí.

Aunque ya he contado por qué lo pinté, hoy encuentro una segunda razón: dejar testimonio de un hecho del que no hay fotografía (ése era uno de los fines de la pintura antes de la llegada de otros medios). El sufrimiento de un hombre secuestrado. Pudo ser él u otro cualquiera. Dentro de muy poco la historia criminal de ETA será revisada. Exagerada por unos (aunque esto sea difícil) y negada por otros. Yo aquí dejo el cuadro. Cuenta algo relacionado con la verdad.

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