Facebook y el autobombo

Publicado: Jueves, 13 Marzo 2014 20:55
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Autobombo: elogio público que hace uno de sí mismo.

Esto se me ocurre durante el despegue de un vuelo de Norwegian airlines (unos ryanair del norte norte pero menos tiquismiquis a la hora de medirte los 50x40x20 de tu equipaje de mano). Digo que se me ocurre ahora aunque llevo meses pensando en ello: mundo facebook. Si estar o no en las redes sociales; y si decides estar con qué intensidad quieres hacerlo.

Viajo a Leipzig invitado por la Universidad de Kiel. Me han traducido un cuento al alemán y voy a leerlo en una cena de hispanistas. Además, tengo una entrevista con una editorial alemana para ofrecerles dos novelas. Mi agente en la India lleva meses diciéndome que las editoriales le interrogan cada vez más por la presencia de los autores en las redes sociales. Además de preguntar si el autor es bueno, si la novela es comercial, cuántos libros vendes o qué premios has ganado, la pregunta recurrente es cuántos seguidores tienes en facebook, en twiter, y tu grado de implicación y actividad en las redes sociales. Vamos, que preguntan si sirves para darle fuerte al autobombo.

Facebook es una ventana a la que asomarse para conocer mejor el mundo. En facebook la gente parece espontánea. Yo diría que analizando los comentarios y reacciones de un usuario de facebook puedes conocerle mejor que si te lo llevaras de copas y terminaras follándotelo. La gente en facebook lo larga todo, casi siempre sin pretenderlo. La lengua larga; la ventana abierta. Llevo meses pensando en una idea que se le habrá ocurrido a todo el mundo: escribir una novela ambientada solo en facebook, al estilo de La Colmena, de Cela. Si Cela describió la realidad sin salir de un café, mucho más fácil sería escribir unas horas de realidad mediante el fenómeno facebook.

Facebook se presta a estereotipar a la masa: basta leer dos líneas y analizar los me gusta de cualquiera para hacerte una idea de su filiación política, sexual o religiosa. En general abunda la gente con enormes carencias emocionales, los yonquis del me gusta, pero también folladores sin fronteras, culturetas y sermoneadores, buenistas, denunciantes iracundos, piterpanes, hienas de la desgracia ajena, derrotistas, patosos, voyeurs que miran y no escriben, exhibicionistas, enlazadores listillos, enlazadores compulsivos, llorones, pelotas, calientapollas. Lo dicho: la vida misma. Lo significativo es que aunque personalmente no les conoces a muchos tienes la sensación de que les conoces. Una caricatura de la realidad.

La cuestión, ya he dicho, es cómo se posiciona cada uno ante la disyuntiva de si debes o no estar en las redes sociales y en un segundo momento con qué intensidad vas a hacerlo. Más arriba he escrito Voy a Leipzig invitado por la Universidad de Kiel. Me han traducido un cuento al alemán y voy a leerlo en una cena para hispanistas. Además, tengo una entrevista con una editorial alemana para ofrecerles dos novelas. Mi agente en la India… Autobombo. Ligerito, andante, pero autombombo. En facebook no escribes me han detenido por acosar a mi vecina o voy a Alemania a devolver el adelanto que me dieron porque las ventas de mi libro han sido un fracaso. Por supuesto no es nada distinto a lo que hayamos hecho siempre: en general, contamos lo que nos va bien y nos callamos lo que nos va mal. La pregunta es si las redes sociales te empujan a contar de más, a exagerar, aunque finjas no estar dándole al autobombo.

Para mí lo relevante por preocupante es si este comportamiento se está generalizando y por lo tanto estamos aumentando la falsificación de la realidad. Si este submundo virtual de facebook no está incrementando la hipocresía social. Si no estamos elevando el nivel de agua del o tus orejas asoman por encima de esta raya de popularidad o eres un puto fracasado… Si entre todos no estaremos reforzando aún más el falso paradigma del éxito, aumentando la necesidad general de sentir que socialmente eres alguien… Algo que mata tanto como el exceso de azúcar.

En este punto me paro. Me invade, a diez mil metros de altura, la sensación de que mi capacidad de pensamiento se diluye. Me sumo en mi nirvana del no vale la pena pensar en nada. Es vano intentar aprehender la realidad, es metafísicamente imposible… Durante esta hora, mientras escribía, levantaba esporádicamente la mirada por encima del asiento delantero: en las pantallas del vuelo de Norwegian airlines emitían esos videos de cámara oculta donde se engaña a un prójimo para solaz de los demás. La alfombrita del cabecero reza; enjoy your time here. You are almost there (disfruta del vuelo; ya casi has llegado). Guiño un ojo y luego el otro: la realidad cambia, lo que ves se mueve unos centímetros…

Ni siquiera puedes confiar en lo que crees ver a un palmo de tus ojos.

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