Cómo empezar una novela

Publicado: Sábado, 05 Abril 2014 16:19
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  I. Yo Infierno

  Conocí a Blonde Arizona el 16 de octubre de 1999. Recuerdo la fecha con tanta exactitud porque ese día se cumplía el segundo aniversario de la muerte de mi esposa y para celebrarlo contraté a una prostituta de doscientos cincuenta dólares la hora que al final se quedó a dormir toda la noche. Cuando me desperté, me sorprendió encontrarla aún en mi cama. Blonde Arizona, en vez de vestirse y marcharse, me pidió de la forma más dulce y sensual que he oído en mi vida si podía traerle a la cama un zumo de naranjas frías y una magdalena de chocolate. Bajé a Canitow´s y regresé con magdalenas y naranjas. Le llevé su desayuno a la cama en una bandeja Kent Strauss que había pertenecido a mi bisabuela en Georgia, y Blonde Arizona me miró como si perteneciera a su infancia y dijo que hacía diez años que no desayunaba en la cama. Y sacó los doscientos cincuenta dólares de su bolso y los metió en mi mesilla.

  Mi esposa murió el mismo día que había elegido para asesinarla. Murió en un incendio fortuito de su negocio en Hardroad, así que no tuve que mancharme las manos de sangre. Pero tres meses más tarde, como si tuviera que concluir algo que hubiera quedado incompleto, maté a una mujer en Cristal City, seis más tarde a otra en Clinton, Tejas y a una tercera en Loussiana… Solo después de estos tres crímenes caí en la cuenta de que las tres eran pequeñas, delgadas, tetudas y rubias, fotocopias de mi esposa, a quien durante meses de minuciosa preparación había planeado asesinar y que solo el poder inmenso del gran Dios apartó de mí el tener que hacerlo.

   Me senté en la cama. Blonde Arizona mojaba la magdalena en el zumo de naranja.

   -Vamos, no me mires así…

   Era la primera vez en dos años que miraba a una mujer desnuda sin sentir el impulso de matarla.

   copyright foto y texto, Ángel Vallecillo 2014.

 

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